Fecha: 2017-02-10 10:02:47


SALTA: 100 DÍAS DE USURPACIÓN


El 3 de febrero se cumplieron 100 días desde que pude entrar a mi campo por última vez y también se cumplieron 7 días desde que me encuentro amenazado de muerte y con custodia policial en mi casa.

El 3 de febrero se cumplieron 100 días desde que pude entrar a mi campo por última vez y también se cumplieron 7 días desde que me encuentro amenazado de muerte y con custodia policial en mi casa.

Mi historia comienza el 26 de octubre del año pasado, en la localidad de Embarcación (260 km al norte de Salta Capital). Esa mañana arranqué a trabajar bien temprano, ya que debía ingresar cien vacas a un campo forestal ganadero que pertenece a mi familia hace 50 años.

El primer camión pasó sin problemas pero cuando llegó el segundo, aparecieron unas treinta personas del medio del monte a impedirle el paso al camión y a exigir que sacáramos las vacas ya ingresadas. Comenzó ahí una usurpación y un piquete en el único camino de acceso.

Al día siguiente los usurpadores fueron llamados por la fiscal penal Lorena Martinez, que les tomó una denuncia en mi contra. Sin embargo, cuando yo intenté denunciar lo sucedido no se me permitió. Ante tal abandono por parte de la justicia, logré por medio de mi cuenta de Twitter que el atropello que estaba sufriendo se viralizara, y comencé a tener repercusión en medios nacionales.

Esta situación empujó a la fiscalía a actuar y a solicitar una mediación, cuando ya habían pasado quince días que me encontraba imposibilitado de entrar a mi campo. En ese tiempo, los delincuentes habían aprovechado para destruir el camino de acceso y prender fuego las instalaciones ganaderas y la casa.

Me presenté en la mediación y descubrí ante mi ocho “comunidades” que se hacen llamar originarias, y que de buenas a primeras decían que mi campo y el de mi vecino les pertenecían y que nos querían afuera.

El proceso de mediación que duró dos meses y fue bastante desgastante, llevó a que firmáramos un acuerdo de convivencia con siete de estas comunidades, donde ellos acordaban desistir en su postura, si nosotros les permitíamos el libre acceso a los campos para poder recoger los materiales necesarios para realizar artesanías. Argumentaban que ese era su modo de subsistencia.

La octava comunidad, asesorada por un abogado de Kolina (partido politico de Alicia Kirchner), no quiso acordar y pese a las denuncias, sigue impidiéndonos el acceso al campo y realizando desmontes y sembradíos ilegales.

El sábado pasado cuando intentaba ingresar a ver que estaba sucediendo adentro del campo, unos de los cabecillas de este grupo de delincuentes intento agredirme y me amenazó de muerte, con la suerte que justo se encontraba un policía cerca. Gracias a este hecho, el fiscal de turno ordenó la detención de esta persona y finalmente me autorizó a ingresar para volver a colocar el portón de acceso al campo y restaurar parte de los alambrados.

Acompañado de seis camionetas policiales y treinta y ocho policías, el lunes pasado tuve mi primera victoria, al poder ingresar al campo y también sufrí mi primer ataque. Una turba enardecida de unas cincuenta personas (tanto hombres como mujeres) nos atacaron con machetes, hachas, palos y piedras cuando salíamos del campo (todo esto frente a la policía que se vió sorprendida). El saldo de la contienda fue que uno de mis empleados sufrió heridas en el codo por recibir un piedrazo y que mi camioneta quedó toda abollada.

Codo

Tan alocada como suena la historia, no es la primera que ocurre en Salta. Supuestos grupos “indigenistas” y falsos originarios apoyados por abogados inescrupulosos miembros de La Campora y Kolina, vienen hace años creando reclamos territoriales truchos para quedarse con inmensas porciones de tierras.

Mi historia, como la de muchos más, es de fácil solución: sólo exige que haya una justicia que haga respetar las leyes vigentes y por sobre todas las cosas, el derecho a la propiedad privada. En la década pasada este derecho dejó de ser un derecho constitucional en la mayoría de las provincias del Norte Argentino, ya que quedo supeditado a otros “derechos sociales”.

Quiero destacar la importancia de herramientas como las redes sociales, que además de brindarme apoyo y ayuda por una multitud de personas que desconozco y que sólo reaccionaron ante esta tremenda injusticia, permitieron darle visibilidad a una problemática que ocurre en todo el país. Se logró que productores víctimas de estos atropellos pierdan el miedo y se organicen para luchar contra estas mafias que buscan quedarse con lo ajeno.

Yo por lo pronto sigo esperando a que la justicia ordene el desalojo definitivo del campo para volver a trabajar e invertir en él.

Fuente: www.cartafinanciera.com

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