Fecha: 2018-12-09 20:47:24


CAPITALISMO GLOBAL: La globalización reconfiguró el estado y privatizó la democracia


Entrevista a la doctora en filosofía política Jule Goikoetxea, autora de ‘Privatizar la democracia’ (Icaria, 2018) donde alerta sobre la reconfiguración del estado en la época global, en la que el ciudadano tiene cada vez menos capacidad de decisión.

JOSEP  REIXACH FUMANYA / VILAWEB

Traducción Montserrat Mestre

Jule Goikoetxea es una doctora en filosofía política más acostumbrada a moverse en ámbitos académicos y de investigación que a la visibilización pública. Sin embargo, consigue aproximar la teoría y el análisis político al gran público de una manera divulgativa, sin que se haga pesado. Lo demuestra en Privatizar la democracia (Icaria, 2018), donde alerta sobre la reconfiguración del estado en la época global, en la que el ciudadano tiene cada vez menos capacidad de decisión.

-¿Por qué dice que la globalización es la privatización de la democracia?

-Más que el porqué, explico cómo. La globalizació privatiza la democracia porque esa parte keynesiana del estado, es decir, la estructura pública amplia que se desarrolló durante el capitalismo industrial, comienza a hacerse pequeña y a privatizarse a partir de los años setenta y ochenta, que es cuando comienza el capitalismo global. Hay una diferencia entre el capitalismo industrial y el capitalismo financiero, digital y de servicios, que yo llamo global. Antes de este cambio de capitalismo, los tratados de comercio internacionales se hacían entre estados. Las corporaciones establecían acuerdos, pero mediante los estados nacionales. A partir de los setenta y ochenta, el capitalismo muta, se reducen las industrias y se amplía el sector de servicios. Y el comercio empieza a hacerse entre partes del Estado, como lo haría un ejecutivo. Podemos ver un Ministerio de Economía estableciendo acuerdos con un agente japonés y una corporación estadounidense. Ya no son los Estados, los que fiscalizan los tratados. En acuerdos como el TTIP y el CETA, los protagonistas ya no son los Estado, sino las corporaciones, los ejecutivos y árbitros, como auditorías y agencias de calificación que no pasan por el sistema público.

¿El Estado desaparece?

-Yo creo que no. El estado se transforma, como ha pasado siempre. No es igual el Estado de ahora que el romano. Sucede que el poder ejecutivo se refuerza, los sistemas judiciales también se refuerzan para apoyar a esos Ejecutivos, y los parlamentos se debilitan. Van perdiendo procesos de decisión.

-Es decir, que el capitalismo va limando el poder legislativo de los gobiernos. Como una cebolla a la que le van quitando capas.

-Eso mismo. Todo se va privatizando. La sanidad, la educación, los bienes básicos … Y ¿cómo se hace esto? Pues debilitando los parlamentos, debilitando la representación formal del pueblo. Todas las constituciones modernas del mundo se basan en la existencia de una nación y en el hecho de que hay una soberanía popular que otorga al estado por medio del parlamento. La soberanía popular ahora se va eliminando.

Ponga un ejemplo.

-Muchas leyes y muchos proyectos ya no pasan por el parlamento. Por ejemplo, gobernar por decreto es una manera de privatizar. Es decir, los parlamentos cada vez tienen menos fuerza a la hora de influir. O la Unión Europea. La Unión Europea es un producto de este nuevo capitalismo global, un sistema político que no tiene parlamento. Bueno, sí, un parlamento de broma, que no decide nada. Los órganos fuertes son el Consejo de Europa y la Comisión. Europa es un dispositivo perfecto del capitalismo global, en el sentido de que es un artefacto que representa muy bien la época global en que vivimos. El legislador en la Unión Europea no es el parlamento, sino que lo hacen por medio de los grupos de presión, que son los que proponen políticas y ponen dinero, y eso después pasa por la Comisión y el Consejo. El 80% de las políticas que hacemos aquí se ven afectadas por la Unión Europea. Y en todo este proceso, tú, como ciudadano, no decides nada, por mucho que votes un partido u otro. Hay tantas interferencias, tanta mediatización. Hay una pérdida de poder en todos los sentidos.

-¿Es posible alcanzar una democracia plena, en esta democracia que usted retrata?

-A mí no me gusta hablar de democracia, sino de procesos de democratización. Durante la historia ha habido procesos de democratización. ¿Cuándo sucede esto? Cuando la población se capacita para el autogobierno. Hay barrios en que antes había esferas de autogestión o comunales, pero van desapareciendo porque los recursos se privatizan. Y al revés. Los procesos de democratización a veces también se ven. Quiero decir, que no es todo un solo proceso y que de repente la democracia desaparece. Es una lucha entre fuerzas y, por ello, hay espacios, esferas o barrios donde de repente se produce un proceso de democratización. Por ejemplo, el proceso de independencia (de Cataluña).

-¿Es un proceso de democratización?

-Lo pongo como ejemplo de proceso de democratización porque ha empoderado a la población. Pero también existen paralelamente procesos de privatización salvajes, como los de la sanidad pública y la universidad. Son procesos que ocurren al mismo tiempo. Tenemos la costumbre de ser monocausales, pero no. Pasan a la vez y están en lucha continua.

-¿Cuanto más procesos hay, más malestar existe entre la población?

-Bueno, a más procesos de privatización, más malestar y más miseria. No sabemos todavía cómo reaccionará la gente, como articulará nuevas formas de lucha contra ese malestar. No lo sabemos, y esto suele articularse más lentamente desde la izquierda que no desde la derecha. Porque la subida de la ultraderecha ya la vemos. Y la subida de la ultraderecha está relacionada con la privatización de la democracia. La rabia que tiene mucha gente que vota a la ultraderecha es por la pérdida de salario, de trabajo, de pensiones, de la vivienda … Es decir, la privatización de la democracia afecta a todos, pero la derecha y la ultraderecha tienen más dinero y la izquierda no llega nunca al poder.

-El 15-M también era un proceso de democratización. ¿Qué queda?

-Del 15-M salió Podemos y otros círculos, pero creo que en el ámbito español queda poco, hoy.

-¿Qué opinión tiene de Podemos?

-Dentro del sistema actual, es decir, parlamentario, patriarcal y liberal, está claro que hay partidos y gente que defiende procesos de democratización. Y creo que sí tienen ganas de democratizar y empoderar a la gente, por lo menos más ganas que el PSOE, por ejemplo. Pero hay muchas limitaciones y frenos. Si tenemos en cuenta la sociedad y la cultura política española, Podemos no triunfará nunca porque hay una determinada sociología en España. Podemos ha tenido que introducir muchísimos discursos que han decepcionado a la gente misma del 15-M. En Euskadi siempre ha sido visto como un partido socialdemócrata, no como un partido radical, como sí creían ciertos sectores de Madrid y España. Creían que era una izquierda radical, pero todos sabemos que no lo es. Pero a una persona de Madrid, donde los últimos treinta años no ha pasado nada en relación a la lucha organizada potente, pues le parece alucinante.

-En el libro insiste mucho en el liberalismo. ¿Por qué?

-Hay que hacer diferencias, porque hay prácticas liberales con que puedo estar de acuerdo, pero ocurre que el liberalismo es hegemónico. Es hegemónico, incluso, en el socialismo. Se lo ha comido todo. Yo, más que criticar las prácticas neoliberales -que lo hago, por supuesto-, critico la ideología liberal. La forma en que el liberalismo entiende el libre mercado, la moral universal y como esto es hegemónico en la población misma. Incluso, en los movimientos sociales, los valores, las costumbres … La moral universal, por ejemplo, se ha comido toda la izquierda. Toda la tradición que viene de este liberalismo dentro de un sistema capitalista y que, por tanto, es hegemónico en los medios, en las casas, y ha hecho mucho daño a la izquierda. Por otra parte, hay algo que no se analiza suficientemente. Muchos dicen que no son neoliberales, como algunos socialdemócratas o referentes como Habermas. Dicen que no están de acuerdo con el capitalismo salvaje, pero reproducen la misma fobia al Estado, las mismas propuestas pidiendo una democracia global que sobrepase las soberanías … ¡pero qué están dicendo!

-Es un poco lo que dice Podemos.
-Exacto. Dicen que no son nacionalistas, que no quieren Estado, que son cosmopolitas … ¡Esto es ideología liberal de toda la vida! Que no quieren una nación porque excluye y porque no hemos escogido donde hemos nacido, un cosmopolitismo que deja de lado conceptos como soberanía y Estado porque eso es “represor”… Esta fobia al estado que viene del liberalismo, pero que está en todas las versiones modernas del anarquismo y el comunismo, se ha comido a la izquierda. Cuando se quita el Estado, lo quieren, pero se han estado quejando los últimos cincuenta años porque decían que era la clase dominante. La izquierda entiende el Estado como un sujeto, y esto es alienación. El estado no es bueno ni malo, porque no tiene corazón. Es un conjunto de prácticas y estrategias.

-Es una gran defensora del estado, veo. Pero, ¿qué hacemos con el viejo significado del Estado, el de la maquinaria pesada y burocrática?

-Es que hay que reconceptualizar el Estado y terminar con esa fobia que le tenemos, que es liberal y patriarcal. Porque no puede haber democratización sin estructuras públicas. Debemos construir un Estado que, por ejemplo, ponga recursos para espacios autogestionados, un Estado que lo hacemos entre todos. Por otra parte, el conflicto perpetuo es el motor de toda democratización. Querer reducir el Estado a un sujeto malo, malísimo, mientras el individuo es bueno, la comunidad también y la familia también, no tiene sentido. Y esto lo comparten tanto Ciudadanos (N. de la E. un partido de derechas, neoliberal) como Podemos. Me hacen mucha gracia los que dicen que no quieren Estado porque no quieren fronteras. Y yo pienso: pero si un sueldo es una frontera, ser una mujer negra y soltera hoy en día es una frontera … ¿Cómo puede ser que en pleno siglo XXI estemos hablando de frontera únicamente en un sentido físico como una muralla? ¡Cuando las transacciones financieras, que también ponen fronteras, son muchísimo más salvajes! Por eso digo que la izquierda no sólo tiene una crisis de poder, sino también una crisis conceptual y discursiva hace muchos años. Y lo vemos ya con el auge de la extrema derecha. Porque la izquierda no sólo se ha tragado el discurso liberal y basta, sino también el monoteísta, el que tiene fobia del Estado, individualista y cristiano.

-Dedica un capítulo a Cataluña. ¿Por qué?
-En esta edición he añadido dos capítulos, el de Cataluña y el de España. En el de Cataluña, me centro en el sistema sanitario y cómo se privatizó. Explico, por ejemplo, cómo se hizo este proceso impulsado por la élite española, pero también la catalana, y las consecuencias de ello, que luego influirán en el comienzo del proceso de independencia. No olvidemos que al principio del proceso se mezclan muchas cosas, y una es el descontento por los recortes y que privaticen la democracia. ¿Por qué sucede esto? Porque en un proceso de democratización se debe tener en cuenta qué opina la gente. Y aunque quien privatice sea parte de la élite catalana, la gente sigue confiando más en el sistema sanitario catalán que en el español, y en las instituciones catalanas más que en las españolas. Es aquí donde se ve el eje nacional. Existe ese proceso de privatización, pero también ha habido, estos últimos cuarenta años desde la muerte de Franco, un proceso de reproducción del demos catalán. Es decir, Cataluña existe. En parte, porque la gente cree que existe. No sólo porque hay instituciones, sino que la gente cree que existe el demos catalán, y cree que es diferente del demos castellano. Y esto hay que tenerlo en cuenta para analizar el proceso de independencia.

Fuente: pajarorojo.com.ar

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