Fecha: 2021-08-22 20:59:50


Saocom: los ojos que vigilarán volcanes y peligros naturales


Los nuevos satélites argentinos ayudarán a mejorar la agricultura, monitorear riesgos y mitigar desastres. En el proyecto participa la Universidad Nacional de Salta.

Las universidades nacionales de Salta (UNSa) y de San Juan trabajan junto a la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (Conae) y el Conicet (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas) en la puna catamarqueña, para validar información que suministra el radar SAR del nuevo satélite argentino Saocom 1B sobre un cráter volcánico que se originó hace 4.200 años.

La nueva herramienta tecnológica servirá en el futuro para monitorear otros volcanes de la región y del mundo, como también deslizamientos de tierra, movimientos de laderas y otros riesgos geológicos.

El programa Saocom tiene en órbita dos satélites (1A y 1B) que junto a cuatro italianos de la serie Cosmos-Skymed conforman la constelación del Sistema Italo-Argentino de Satélites para la Gestión de Emergencias (Siasge).

La citada colaboración internacional se articuló a partir de un acuerdo que la Conae suscribió con la Agencia Espacial Italiana (ASI).

El Siasge es un sistema único que se diseñó para proveer al país y al mundo información relacionada con peligros naturales, la humedad de los suelos, inundaciones y hasta enfermedades de cultivos, para su uso en agricultura, gestión de emergencias ambientales y monitoreo de recursos naturales.

Cerro Blanco

Los estudios actuales de la Conae se concentran en el complejo volcánico del Cerro Blanco, ubicado en el altiplano de la provincia de Catamarca, en el departamento Antofagasta de la Sierra.

El mencionado volcán concentra la atención de la comunidad científica internacional debido a que su caldera -un cráter de 5.000 metros de diámetro originado por una gran erupción hace 4.200 años- sigue activo y se está hundiendo a razón de un centímetro por año.

Un equipo de geólogos y agrimensores, liderado por José Germán Viramonte, investigador superior del Conicet, referente del Instituto Ibigeo-Geonorte y profesor titular plenario de la Facultad de Ciencias Naturales de la UNSa, trabaja en el Cerro Blanco para cuantificar por diversos métodos el hundimiento del volcán.

Mediciones

Viramonte, un reconocido especialista en volcanología, viene realizando mediciones con técnicas GPS de alta precisión e instrumentos gravimétricos instalados en el cráter desde 2004, con el objetivo de determinar la magnitud y la velocidad de la deformación y el hundimiento de la caldera.

En la última campaña de verano, se sumaron otros investigadores. Uno de ellos es Luciano Romaldi, ingeniero de la Unidad del Equipo de Mediciones In Situ (EMIS) de la Conae, quien aportó su experiencia en el desarrollo de la logística de este tipo de campañas y en las mediciones realizadas. También se incorporó Ailín Pereyra, becaria Conae-Conicet de la Facultad de Ciencias Exactas, Ingeniería y Agrimensura de la Universidad Nacional de Rosario, quien realiza su tesis doctoral en el tema con datos de los satélites Saocom 1A y 1B.

El equipo científico se completa con Juan Manuel Alcácer, especialista en gravimetría del Departamento de Geofísica y Astronomía de la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de la Universidad Nacional de San Juan, y Emilse Bustos, investigadora del Instituto Ibigeo-Geonorte de la UNSa.

Precisión

"La información generada con el Radar de Apertura Sintética (SAR) de los satélites Saocom, instrumento activo que funciona en la banda L de espectro electromagnético, permitirá desarrollar un producto de gran precisión para medir las deformaciones del volcán, aplicando dos imágenes satelitales para producir mapas que muestran deformaciones del suelo o interferogramas", explicó Viramonte. Esta metodología facilitará en el futuro la acción de los especialistas, porque no serán necesarias permanentes visitas y mediciones de campo, ya que avanzadas herramientas tecnológicas las suplantarán con asombrosa precisión y alcances.

Mitigar efectos

Viramonte resaltó que, una vez validadas las imágenes de los satélites argentinos de observación con microondas (Saocom), "podrán ser utilizadas para mitigar los efectos de erupciones volcánicas, deslizamientos de laderas, movimientos de tierra y otros riesgos naturales en la Argentina y el mundo. Ya existen demandas desde Ecuador para ser utilizadas en este tipo de aplicaciones", precisó el doctor en ciencias geológicas que trabajó últimamente en la caracterización de sitios de la Puna salteña para la instalación de complejos astronómicos de vanguardia.

Ven de día, de noche y a través de las nubes

Los radares de los satélites Saocom penetran los suelos hasta dos metros. 

Uno de los principales objetivos de los satélites argentinos de observación con microondas (Saocom) es la medición de la humedad del suelo. La banda en la que operan sus señales puede penetrar a través de la superficie terrestre hasta dos metros de profundidad.

Los sensores de la antena radar tienen la capacidad de captar datos tanto de día como de noche y de “ver” a través de las nubes, ya que la frecuencia utilizada por la señal de microondas las traspasa. De esta forma, a diferencia de los instrumentos ópticos, el radar puede captar datos en cualquier condición meteorológica.

Los mapas de humedad de suelo tendrán gran impacto en el sector productivo del país. Las imágenes obtenidas, además, serán una herramienta valiosa para prevenir y mitigar catástrofes ambientales. Las imágenes obtenidas suministrarán información precisa para agricultura, forestación, hidrología, oceanografía, cartografía, geología, minería, petróleo, salud y cuidado del medio ambiente.

A la par, ayudarán en la gestión de desastres naturales e inducidos por el hombre, como el seguimiento de la cobertura de agua durante inundaciones y la detección de derrames de hidrocarburos en el mar, entre otras aplicaciones en emergencias.

La construcción de los Saocom 1A y 1B estuvo a cargo de organismos y empresas del sistema científico y tecnológico argentino: Conae, CNEA, VENG e INVAP. El primero fue puesto en órbita el 7 de octubre de 2018. El segundo fue lanzado el 30 de agosto de 2020 desde Cabo Cañaveral (Estados Unidos) en un cohete Falcon 9 de SpaceX, la compañía del fundador de Tesla, Elon Musk, la segunda persona más rica del planeta. Son satélites gemelos que se desarrollaron en simultáneo con los mismos requerimientos de diseño, funcionalidad y operatividad. Su tiempo de vida útil se estimó en al menos cinco años.

Fuente: Diario El Tribuno