Fecha: 2021-08-29 21:52:08


Diez años de la reforma del artículo 135 de la Constitución: qué es y por qué Podemos no lo entiende


Ione Belarra afirma que la reforma de la Constitución en 2011 premió a los especuladores de la deuda española, cuando lo que hizo precisamente fue ahuyentarlos y atraer inversores a largo plazo

Este pasado jueves se cumplieron diez años de la famosa reforma del artículo 135 de la Constitución por el que se pretendía mandar un mensaje de confianza y tranquilidad a la comunidad inversora en unos momentos en los que los temores sobre la (in)solvencia de España se hallaban tan disparados como nuestra prima de riesgo. El cometido principal del nuevo 135 era priorizar el repago de la deuda sobre otros posibles gastos presupuestarios para que así nuestros acreedores estuvieran convencidos de que les íbamos a devolver lo prestado.

Podemos, sin embargo, nunca le gustó que este mensaje de tranquilidad a «los mercados» se incluyera en nuestra Constitución. De ahí que la nueva secretaria general de la formación, Ione Belarra, haya aprovechado el aniversario para cargar nuevamente contra este precepto. Así, comienza diciéndonos Belarra: «Se cumplen 10 años de la alianza del bipartidismo para cambiar el artículo 135 de la Constitución. Una reforma pactada a espaldas de la ciudadanía en pleno agosto para poner los intereses de los especuladores por delante de los servicios públicos».

Calmar a los mercados en plena crisis

Sorprende que Belarra califique a todos nuestros acreedores de «especuladores» y que sostenga que la reforma del 135 priorizaba sus intereses cuando precisamente lo que buscaba esa reforma era ahuyentarlos. Me explico: un especulador es aquel que compra deuda española ante la previsión de que suba de precio o uno que vende deuda española ante la previsión de que caiga. El especulador no está interesado en mantener hasta vencimiento la deuda pública que adquiere, sino en obtener plusvalías con la variación a corto plazo de su precio. La reforma del artículo 135 pretendía mejorar la credibilidad de la deuda española para atraer a inversores a largo plazo (como fondos de pensiones, fondos de inversión o aseguradoras) con preferencia sobre aquellos que meramente querían efectuar una tenencia especulativa. Cuantas más dudas existan acerca de la solvencia de un Estado, más especuladores participarán en esas operaciones y menos inversores a largo plazo encontraremos. Y el 135 pretendía despejar las dudas sobre nuestra solvencia.

Pero sigamos, que los errores de Belarra no terminan aquí: «La reforma del art.135 supuso la constitucionalización del neoliberalismo en España. Expresó la esencia del bipartidismo –la coincidencia en los grandes asuntos, en particular en política económica– y blindó la austeridad como dogma para afrontar la crisis financiera». Dejando de lado que se califique de neoliberalismo lo que no deja de ser un compromiso a pagar las deudas y dejando también de lado que parte dese bipartidismo inamovible hoy gobierna en coalición con Podemos, parece que Belarra pontifica sobre el 135… sin habérselo leído. ¿Cómo entender, si no, que afirme que el 135 blinda la austeridad como dogma para afrontar las crisis? Basta con leerse el 135.4 para ser consciente de que eso no es ni mucho menos así: «Los límites de déficit estructural y de volumen de deuda pública sólo podrán superarse en caso de catástrofes naturales, recesión económica o situaciones de emergencia extraordinaria que escapen al control del Estado y perjudiquen considerablemente la situación financiera o la sostenibilidad económica o social del Estado, apreciadas por la mayoría absoluta de los miembros del Congreso de los Diputados». Dicho de otro modo, en caso de crisis natural (como la actual pandemia) o de crisis económica (como la de 2008), el artículo 135 autoriza a las administraciones públicas a que no sean austeras, es decir, a que se salten cualesquiera objetivos de déficit y de deuda. ¿Habrá estado Podemos denunciando durante 10 años el artículo 135 de la Constitución por no habérselo leído o por no haberlo entendido?

Retirada de los estímulos del BCE

El vicepresidente del Banco Central Europeo, Luis de Guindos, ha mandado esta semana un doble mensaje. Por un lado, que el banco central que rige los designios de la eurozona retirará los estímulos monetarios de manera acompasada con el crecimiento europeo; por otro, que revisará al alza las previsiones de crecimiento europeo. O dicho de otro modo: que los estímulos se retirarán antes de lo previsto. Ha coincidido en esto con el presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos (la llamada «Fed»), Jerome Powell, quien también ha comunicado en la cita de Jackson Hole que comenzará con el «tapering» antes de que termine el año. Actualmente, la deuda pública española se beneficia de la barra libre de liquidez de los bancos centrales. ¿Qué sucederá si esa barra libre desaparece? Mejor nos iría empezando a prepararnos para no descubrirlo.

La reforma pendiente de las pensiones

El Gobierno ha aprobado esta semana el primer tramo de la reforma de las pensiones: un primer tramo que apenas contiene la «miel» de los cambios que ha proyectado el Ministerio de Seguridad Social (en especial, la indexación de las pensiones al IPC), dejándose para más adelante la «hiel», esto es, aquellas otras reformas financieramente necesarias pero que implicarán sí o sí recortes para algunos colectivos (ya sean los cotizantes o ya sean los pensionistas). El problema probablemente nos lo encontremos cuando, después de haberle vendido a la población que la Seguridad Social era una administración absolutamente sólida, sea necesario aprobar esos recortes. En ese momento, ni los agentes sociales ni gran parte de los ciudadanos querrán poner de su parte. Y, como consecuencia, la sostenibilidad de las pensiones quedará en el aire.

Los efectos del SMI en Alemania

Hace unos días conocimos una reciente investigación sobre los efectos del establecimiento del salario mínimo en Alemania allá por el año 2015. En principio, los resultados parecen muy positivos: la creación del salario mínimo benefició al 15% de los trabajadores germanos (quienes vieron crecer su salario por hora en un 5,4%) y no perjudicó a los niveles de empleo. Analizando el artículo con algo más detenimiento, sin embargo, sí que se detectan dos efectos nocivos: por un lado, las pymes fueron las grandes damnificadas, dado que muchas de ellas se vieron desplazadas del mercado en favor de las grandes empresas; por otro, el coste y el tiempo de desplazamiento de los trabajadores afectados por el SMI hasta su lugar de trabajo se vio incrementado, mermando parte de las ganancias logradas merced al SMI. No hubo almuerzo gratis.

Fuente: www.larazon.es