Fecha: 2026-01-07 04:24:46
Finalmente ocurrió. Tras 28 semanas de amagues y advertencias que quedaban en la nada, Donald Trump dio luz verde a una operación terrestre en Venezuela para capturar a Nicolás Maduro y sacarlo del poder.
El hecho es inédito, conspira contra la región como zona de paz y marca un antecedente peligroso para la vida democrática de América Latina. Nicolás Maduro no fue un líder democrático, lejos estuvo de serlo en estos 12 años en el poder, fue corriendo los límites hasta romper la democracia por completo con el fraude electoral del 28 de julio de 2024.
Persiguió y detuvo opositores sin proceso judicial previo, manipuló a su antojo las instituciones del Estado e hizo de la vida de los venezolanos una tragedia a puntal de expulsar a 6 millones de su tierra.
Sin embargo, celebrar bombardeos y avalar a un presidente extranjero se autodesigne como responsable del control de otro país como si fuera una quinta de fin de semana es problemático. Así lo piensan, desde Lula y Claudia Sheinbaum desde el progresismo o Marine Le Pen desde la ultraderecha europea. Esa discusión está en desarrollo y, como ocurre siempre, se vuelve un laberinto narrativo bizantino del que se hace difícil salir.
Por eso, resulta más interesante enfocarse en lo que pueden ser los próximos pasos y en ese análisis hay varios puntos que son claves. Uno tiene que ver el brutal intervencionismo norteamericano como una marca registrada de la nueva etapa de Trump en el poder. Eso incluye el secuestro de un presidente de un adversario o el rescate financiero de un aliado en crisis como ocurrió con Javier Milei. Frontalidad imperial, americanismo unilateral.
La segunda conclusión es el ninguneo absoluto de Washington a María Corina Machado y Edmundo González Urrutia para liderar la transición, algo que deja fuera de eje a los trumpistas locales. Pareciera que en el universo MAGA no los creen capaces de hacerse cargo por no contar con el control total de los militares, el territorio y los recursos. Por eso, la ventana que se abre con Delcy Rodríguez y un posible recambio interno. El chavismo gana tiempo, como Putin en la guerra en Ucrania. Acuerdo disfrazado de retórica.
Dirigentes importantes y con diálogo con Nicolás Maduro y la primera línea chavista afirman que este movimiento de piezas va en ese sentido mas alla de las retóricas encendidas y las proclamas. "Es la única manera", sentencia.
Resulta más interesante enfocarse en lo que pueden ser los próximos pasos y en ese análisis hay varios puntos que son claves. Uno tiene que ver el brutal intervencionismo norteamericano como una marca registrada de la nueva etapa de Trump en el poder. Eso incluye el secuestro de un presidente de un adversario o el rescate financiero de un aliado en crisis como ocurrió con Javier Milei. Frontalidad imperial, americanismo unilateral
En el camino el puente puede romperse y Estados Unidos puede volver a atacar Venezuela pero en una mirada rápida de los hechos de este sábado intenso lo que puede desprenderse es que Trump no quiere otro Juan Guaidó y entiende que necesita alguien con poder pero alineado a sus intereses.
Es un interrogante total si la foro de la vicepresidenta con Diosdado, Padrino López, Jorge Rodriguez, jueces y militares es parte del inicio de una nueva etapa, tal vez aún autoritaria pero con línea directa con Washington o una puesta en escena que puede descomponerse por las internas por la sucesión similares a la previa de la muerte de Hugo Chávez.
Como sea, la mujer en la que depositan las expectativas hoy es Delcy que necesita sumar días en el cargo para no tener que convocar inmediatamente elecciones, algo que Estados Unidos no pidió de manera directa. "Corina está out", se animan a decir un ex candidato de derecha que no tiene buen vínculo con la líder opositora. "No te extrañen que Delcy y Diosdado convoquen a dirigentes de la oposición enfrentados con Corina", se anima a predecir otro.
La operación contra Maduro también pone en juego la interna republicana. Si la intervención resuelve la crisis y Venezuela se ordena, aún con un proceso interno del chavismo, Marco Rubio puede anotarse una medalla que lo deposite en la carrera por la presidencia en 2028.
La operación contra Maduro también pone en juego la interna republicana. Si la intervención resuelve la crisis y Venezuela se ordena, aún con un proceso interno del chavismo, Marco Rubio puede anotarse una medalla que lo deposite en la carrera por la presidencia en 2028
Si por el contrario, el fracaso lleva al país sudamericano a un escenario de inestabilidad con guerra extendida como el que ocurrió en Libia, el que se frotará las manos será JD Vance, el vice de Trump que también trabaja para suceder a su jefe. El medio, Trump quiere levantar su imagen y neutralizar los signos de rebeldía en el Partido Republicano. Todo tiene que ver con todo.
La region mira con expectativa. Los aliados de Trump como Milei, Santiago Peña y Daniel Noboa sobreactúan la felicidad pero en el resto, por derecha y por izquierda, lo que prima es la preocupación. Tal vez si hubiesen escuchado a Lula luego de la chanchada que hicieron en las elecciones, la historia sería otra.
La caída de Maduro no parece resolver demasiado, reordena las piezas de un tablero que tiene anclaje global y dependerá de como se termine de diseñar el esquema donde potencias como China o Rusia hagan valer su poderío para terminar de saber que tal alarmante es el destino al que nos encaminamos.
Venezuela necesita recuperar la democracia. Maduro cayó, pero el régimen sigue intacto con el control de los recursos y, lo más importante, de las armas.
Fuente: www.lapoliticaonline.com